Cómo leerte el Tarot a ti mismo
Leerte el Tarot a ti mismo es más accesible de lo que la mayoría espera. No necesitas memorizar setenta y ocho significados antes de empezar, y desde luego no necesitas creer que las cartas predicen nada. Lo que necesitas es una idea de cómo está organizada la baraja, un par de disposiciones sencillas y una pregunta honesta. Las cartas aportan las imágenes; tú aportas la situación. La lectura ocurre en la conversación entre ambas.
Qué hay en la baraja: 78 cartas
Una baraja de Tarot estándar tiene 78 cartas, repartidas en dos grupos. Las 22 cartas de los Arcanos Mayores son las famosas: El Loco, El Mago, Los Enamorados, La Torre, El Sol, y así. Tratan de grandes temas: puntos de inflexión, fuerzas vitales, el gran clima de una situación. Cuando aparecen varios Mayores en una lectura, suele señalar que algo importante está en juego más que un asunto de la rutina diaria. Puedes verlos todos en nuestra página de los Arcanos Mayores.
Las 56 cartas restantes son los Arcanos Menores, y funcionan muy parecido a una baraja de naipes corriente, que es, históricamente, más o menos lo que son. Se dividen en cuatro palos, cada uno del As al diez, más cuatro figuras de la corte (Sota, Caballero, Reina, Rey). Los Menores manejan la textura de la vida cotidiana: los hechos, sentimientos y personas concretos en torno a tu pregunta.
Los cuatro palos
Cada palo tiene un elemento y un terreno del que tiende a hablar:
- Bastos: Fuego. Empuje, creatividad, ambición, energía, la chispa para actuar.
- Copas: Agua. Emociones, relaciones, intuición, lo que sientes y valoras.
- Espadas: Aire. Pensamiento, conflicto, decisiones, la verdad y los líos que puede causar.
- Oros (a veces Monedas): Tierra. El dinero, el trabajo, el cuerpo, el hogar, lo material y lo práctico.
Conocer los palos te da un atajo. Aun antes de recordar el significado concreto de una carta, el palo te dice de qué rincón de la vida trata, y el número da una idea aproximada de cuánto ha avanzado ese hilo: los Ases son comienzos, los dieces son plenitud o el fin de un ciclo.
Derecha e invertida
Las cartas pueden caer del derecho o boca abajo, y muchos lectores tratan ambas como distintas. Una carta invertida suele leerse como una versión girada, bloqueada o vuelta hacia dentro de su significado derecho: la misma idea bajo tensión, demorada o apuntando de vuelta hacia ti en lugar de hacia el mundo. El Mago derecho es voluntad y capacidad enfocadas; invertido, puede sugerir esfuerzo disperso o talento sin usar.
Muchos lectores competentes ignoran por completo las inversiones y leen cada carta del derecho, sacando los matices de advertencia del contexto. No hay ninguna regla que te obligue a usarlas. Si estás empezando, es perfectamente razonable leer solo del derecho y añadir las inversiones más adelante, cuando los significados derechos te resulten familiares.
Dos tiradas para empezar
Una tirada no es más que una disposición acordada en la que cada posición tiene un significado, de modo que la misma carta dice algo ligeramente distinto según dónde caiga. Empieza con poco.
La tirada de una carta
Baraja, ten tu pregunta en mente y da la vuelta a una sola carta. Esa es toda la lectura. Es ideal para un repaso diario («¿qué debería tener presente hoy?») o para cualquier momento en que quieras una imagen clara con la que pensar en lugar de una disposición extensa. Pese a su sencillez, una sola carta consultada con verdadera atención suele darte más que una tirada grande hojeada de prisa.
Pasado, presente, futuro
Saca tres cartas y colócalas de izquierda a derecha. La primera es el pasado o la raíz de la situación; la segunda es el presente, el corazón de cómo están las cosas; la tercera es la dirección probable si el presente continúa. Léelas como una línea, no como tres fortunas separadas: la tercera carta describe una tendencia que crece de las dos primeras, no un destino fijo. Es la tirada inicial más útil, porque la secuencia casi cuenta su propia pequeña historia.
Hacer buenas preguntas
Como con el I Ching, la pregunta da forma a la lectura. Las preguntas de Tarot más fructíferas son abiertas y apuntan a tu propia comprensión y a tus decisiones, no a pronosticar hechos que escapan a tu control. Compara «¿Me va a llamar?» con «¿Qué me mantiene estancado en mi forma de relacionarme con ella?». La primera pide a las cartas algo que no pueden hacer con honestidad; la segunda invita a una imagen que de verdad puedes usar.
Unas cuantas pautas que conviene tener presentes:
- Prefiere «qué», «cómo» y «qué podría considerar» a «si» y «cuándo».
- Mantén el foco en ti: tu postura, tus puntos ciegos, tus opciones.
- Haz una pregunta por lectura, para que las cartas tengan un solo hilo que responder.
- Quédate un rato con las imágenes antes de buscar un significado fijo. Lo que notas primero es parte de la lectura.
Una carta es un estímulo, no un veredicto. Su tarea es darte una imagen lo bastante honesta como para reaccionar ante ella.
Ponerlo todo junto
Cuando leas, nombra lo que ves antes de buscar el significado «oficial»: las figuras, el ambiente, el palo, si está del derecho. Luego trae las palabras clave de la carta y pregunta cómo tocan tu pregunta. Si estás leyendo una tirada, deja que las posiciones te guíen y busca un hilo que recorra las cartas en vez de tratar cada una como un pronunciamiento aparte. Con la práctica, la baraja se vuelve un conjunto familiar de imágenes con las que puedes pensar, que es, en realidad, todo lo que una lectura es.
Si la simetría entre esto y el oráculo chino te intriga, nuestro texto fundamental sobre el Tarot y el I Ching traza cómo riman las dos tradiciones.
Pruébalo ahora: saca una carta, o infórmate primero sobre los Arcanos Mayores. Para la reflexión y la introspección, no para adivinar el futuro; consulta nuestro aviso legal.